El plan de Dios para el mundo incluye un tiempo en que todas las personas (vivos y muertos) tendrán que
rendir cuentas ante Su trono de juicio. Por esta razón, todos los muertos, tanto los justos como los malvados,
serán resucitados. A fin de asegurar que este juicio ocurrirá, Dios levantó a Cristo de los muertos y Lo nombró
Juez (Hechos 24:15; Daniel 12:2; 2 Corintios 5:10; Hechos 17:30, 31). Sin embargo, la resurrección de los
muertos malvados y su tiempo de juicio no ocurrirá hasta después de los mil años del reino de Cristo y Sus
santos sobre la tierra (Apocalipsis 20:4-6). Pabló describió la esperanza del cristiano en la resurrección de la
siguiente manera: "A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos,
en conformidad á su muerte" (Filipenses 3:10). Esperamos al Salvador desde el cielo. Pablo dice: "El cual
transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la
cual puede también sujetar á sí todas las cosas" (v. 21).
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