La forma en que vivimos nuestras vidas en el mundo presente determinará nuestro destino en la próxima,
nuestra recompensa eterna (Daniel 12:2; Romanos 2:4-9). Los incrédulos y malvados están condenados al
castigo eterno del cual no hay escapatoria-no hay liberación, ni aniquilación: "E irán éstos al tormento
eterno, y los justos á la vida eterna" (Mateo 25:46). "Mas á los temerosos é incrédulos, á los abominables
y homicidas, á los fornicarios y hechiceros, y á los idólatras, y á todos los mentirosos, su parte será en el
lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda" (Apocalipsis 21:8). "Y á vosotros, que sois
atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su
potencia, en llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni obedecen al evangelio de
nuestro Señor Jesucristo; los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la
gloria de su potencia" (2 Tesalonicenses 1:7-9).
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